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Autoexigencias

  • 10 jul
  • 2 min de lectura


El día a día ya tiene bastantes situaciones, sin embargo, como si ya fuera poco las voces en mi cabeza no paran de gritar fuertemente que necesito hacer, hacer y hacer. A veces es muy importante reconocer hasta qué punto estamos exigiendo y que tanta demanda esto de acuerdo con la temporada en la que estamos. Es enfermizo y obsesivo no entender cómo ni cuando parar.

 

Tener metas, cumplir con una lista es increíble hasta que ya se nos va subiendo a la cabeza y envolvemos nuestra identidad con lo que hacemos y dicta como nos sentimos y como vamos en la vida. No eres perezosa porque tuviste que faltar al trabajo porque no te sentías bien. No eres un mal amigo por poner límites.

 

No podemos exigirle a una joven mamá con poca experiencia porque acaba de tener a su bebe hace unos meses o tiene un increíble hombre araña de dos años saltando en la casa que tenga todo listo y arreglado, incluida su casa, su persona, su esposo y de paso un negocio al que emprende y administra sola o ser empleada excepcional del año por cinco veces consecutiva, suena casi irracional entonces ¿Por qué nos exigimos eso nosotras mismas?

 

Alguien que esta atravesando un duelo necesita más tiempo para recuperarse y volver a una rutina establecida para poder acostumbrarse a esta nueva normalidad. Eso es hasta fácil de entender ¿cuántas veces nos hemos pedido ser productivos en medio de un duelo?

 

Es fácil comprender el dolor en otros antes que el propio. Pudiéramos ver en la perspectiva de otros que es mucha carga y nos brindamos para ayudar en cambio nos forzamos a nosotros mismos a cargar con todo, negamos la ayuda de aquellos que se nos acercan y sin darnos cuenta brotamos muchas raíces que solo reflejan muchos complejos y temas no resueltos.

 

Debo confesar que una de las razones por las que no le dije a nadie sobre mi embarazo además de querer un momento planeado fue protegiendo a los demás en caso de que algo malo pasara para que no se ilusionaran y luego tuvieran que enfrentarse a una mala noticia. ¿Sabes lo mucho que me he arrepentido de eso? Protegí a todos de un dolor del cual no me estaba protegiendo yo, no quería que otros se ilusionaran en caso de que algo pasara, sin embargo, yo estaba super ilusionada y emocionada mientras que cuando la mala noticia llegó me vi ahí desnuda frente al dolor.

 

Somos dados a proteger a otros de lo que no nos protegeríamos a nosotros. Decidimos atravesar situaciones solos de las que nos gustaría ser el amigo que acompaña y ayuda. Esto no tiene porque ser así, No tienes que poder con todo, no tienes que enfrentarte solo a los grandes retos que nos tocan enfrentar y definitivamente podemos ser más dulces y compasivos con nosotros mismos.

 

 
 
 

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