Se paciente contigo
- hace 3 días
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Ser paciente con los demás suele resultarnos más sencillo, ya que muchas veces nuestra impaciencia puede ocultarse tras la cortesía y las buenas maneras. Sin embargo, cuando se trata de ser pacientes con nosotros mismos, el reto es mayor. Mirar a los demás con compasión nos resulta menos complicado que observarnos a nosotros mismos desde esa misma perspectiva.
En ocasiones olvidamos el principio de “Amar a los demás como a mí mismo” (Mateo 22:39). Es imposible amar a los demás de manera intencional si no sentimos aprecio y respeto por nuestra propia vida.
Recientemente, he tenido que recordarme aquellas palabras que tantas veces he compartido con mis amigas: regalarme gracia, bondad y mirarme con compasión, entendiendo que esto no implica mirarme con pena. Quiero reconocer que, del mismo modo que los demás requieren consuelo y apoyo, yo también los necesito. Así como he abrazado con ternura a amigas en situaciones de vulnerabilidad, también debo permitirme abrazarme a mí misma y dejarme abrazar.
Existen situaciones inesperadas que nos colocan en una posición vulnerable, por diferentes motivos. En mi caso, tener que enfrentar una cirugía de emergencia dos días antes de la presentación del proyecto de tesis fue una experiencia sorpresiva y repentina. Me sentía débil y frágil.
Comprenderme a mí misma, entender el proceso que atravesaba y lo que mi cuerpo había soportado no era una tarea sencilla ni emocionante, pero sí necesaria. Debía regalarme esa gracia de la que tanto hablo y permitir que la gracia de Dios me envolviera una y otra vez en su amor. Necesitaba dar espacio a mi cuerpo, escuchar mis pensamientos y no luchar contra ellos. Aprender a aceptar el repertorio de emociones que surgían, reconociéndolas como normales y saludables, en vez de negarlas.
Insisto en que no es una tarea sencilla ni se consigue en dos días. Requiere intención y conciencia. Es uno de los grandes trabajos que no debemos evitar. Cuanto más nos ejercitemos en el amor, más capaces seremos de darlo sin restricciones. No me refiero a un amor egoísta. Sin embargo, solemos temer volvernos ególatras al amarnos a nosotros mismos. Hablar de ese respeto al ser propio es honrar la propia vida, como la dignidad humana.
Seamos pacientes con nosotros mismos, muchas veces parecemos estar apresurados y con todo el deseo de comernos el mundo, pero está bien si en estos momentos necesitamos parar, descansar y mirarnos con ternura.



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