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El tren de la moda

  • 24 feb
  • 4 Min. de lectura

 

 

 

Saltar en lo último del momento es fácil, abalanzarse sobre lo que la gente recomienda y dice que es bueno. Lo complicado sería ¿cómo puedo ser yo mismo sin dejarme llevar de la corriente?

 

He visto tantas personas hablar de cómo ahora todos buscan ser influencers y mostrarle al mundo sus diferentes rutinas y productos que consumen, armarios de ropa, lugares de comida que consideran de acuerdo a su experiencia, otros que muestran sus aventuras tanto de turismo interno como internacional. Hay muchos más pero por ahora son los que puedo nombrar. 

 

Cada uno da su opinión, cada quien cuenta lo que le funciona y a mí me parece increíble, he visitado lugares por la recomendación de otros que me han parecido espectacular, he comprado productos que he visto otras chicas usar unos que bien me han funcionado y otros que no tanto, ahora bien,

 

 ¿Dónde se complica esto? 

 

Por naturaleza el ser humano se mira en el espejo de los demás, sin quererlo, sin buscarlo, sin intenciones. Miramos cómo va el ritmo de los demás y queremos estar a la par. Vemos las vidas perfectas e intachables demás los post de Instagram y compramos la película de que esa es la vida misma, indeleble y real. Normalizamos estilos de vida que son diferentes para cada persona y situación. 

 

Observamos armarios bien estilizados y cuerpos ajenos y añadimos aflicción al propio nuestro. Nos cuestionamos ¿por qué mi cintura no está así? ¿Qué le hace falta a mi rutina de ejercicios para llegar hasta ahí? ¿Me quedaría así la misma ropa? Y muchas más preguntas que en vez de perseguir el bienestar tanto emocional y físico maltratan. 

 

¿Entonces qué propones Vierka? 

 

¿Qué cerremos todas nuestras redes sociales empezando por Instagram y Pinterest? Jamás. No necesitamos ser extremos a este nivel, sin embargo, mi propuesta es una conciencia más clara y realista al momento de entrar en las redes sociales. Esas aplicaciones han sido creadas con la finalidad de interacción social, pero también recordemos en qué y cómo les beneficia a los creadores y programadores cuanto mayor tiempo pasemos. 

 

Un baño de Instagram nos produce un incremento de dopamina y como tantas veces se ha hablado al igual que la televisión, comida chatarra, pornografía y compras compulsivas esta es una dopamina barata. Lo que significa que una vez esa producción de dopamina se de en el cuerpo, es como un efervescente, donde no es duradero ni permanence mucho tiempo, llevando al cuerpo a un estado de vacío una vez que la reacción haya pasado. 

 

Así que eso explica porque después de un consumo largo de pantalla, sentimos esa sensación de vacío, agotamiento y hasta frustración. 

 

Después de una conciencia clara y realista recomiendo que hagamos una limpieza de algoritmo. Es decir, aquellas personas que muestran una rutina irreal, con mil métodos para un cuerpo esbelto y arqueológico hay que eliminarlo, porque probablemente cada vez que abras tu feed y te salga una mujer haciendo mil cosas que ni en otra vida podrías estar cerca será como un recordatorio de una muerte lenta. 

 

Por otro lado sepamos que Instagram es una plataforma donde todos mostramos los momentos destacados de momentos destacados. A lo mejor me has escuchado decir esto antes pero nadie publica la casa en fachas, las peleas matrimoniales, los minutos que se sintieron fracasados o perdidos. Casi todos, en un gran porcentaje mostramos nuestros momentos más felices, lo que es casi una contradicción porque son pocos los momentos de alegría y placer genuino que pueden captarse bajo los lentes de una cámara. 

 

Mantén una cultura de vida real y saludable para ti. Hay hábitos que son muy buenos para otros, con resultados maravillosos y acorde a sus necesidades. Pero no significa que lo sean para ti, por eso tenemos que filtrar nuestras intenciones de querer incluir cosas que no son posibles ni aplicables en tu estilo de vida. Si aún no tienes una cultura, aún no sabes cuáles cosas te gustan o estás tan ocupado que a penas tienes tiempo para sobrevivir al fin de semana, crea una cultura de vida que sea para ti, para la temporada en la que estás y con tus recursos del momento. 

 

La tensión se crea porque queremos aplicar estilos de vida de una persona media con un salario mínimo, o con una economía que se está recuperando. A la corta o larga terminaría trayendo frustración para mantener ese ritmo o vergüenza por terminar aceptando que nunca fue para ti. Un ejemplo de eso, no todos pueden salir a cenar fuera cada fin de semana, pero hay gente que lo normaliza. 

 

Y sobre todas las cosas, recuerda tú eres el responsable de administrar el soplo de vida que se te ha dado, elige como administrarlo. No permitas que el sistema ni las tendencias te griten qué hacer. Toma las referencias y recomendaciones, admira estilos pero sin olvidarte de que fuera de la pantalla es donde está la vida real, sin filtro y atemporal. 

 

 

 
 
 

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